28 sept. 2012

Suiza2012. 3

Hoy he tenido la increíble experiencia de poder haber estado al lado de un grupo de vacas sin vigilancia ni vallas de por medio. En uno de mis paseos por la montaña he descubierto que había un grupo de rumiantes sueltas, sin dueño ni electrificación. Decidí coger la cámara e ir a ver si podía darles de comer.

Me he ido acercando poco a poco para no asustarlas y, aunque sé que son animales pacíficos, es curioso como al ser animales tan grandes, o por lo menos bastante más grandes que yo, da respeto estar tan cerca sabiendo que no hay ningún tipo de seguridad que te proteja.
Mientras me acercaba a uno de los animales, éste me iba controlando con la mirada, cada pocos metros se quedaba mirándome como diciendo ``a ver que haces´´ y, como al cabo de un buen rato ella no me hacía mucho caso, me fui hacia otro de los animales que había allí, uno que en vez de ser marrón, como casi todas lo eran, era de color blanco y negro, típico color de vaca lechera de cuento.

En el bosque se respira y escucha pura y plena tranquilidad y si frenas el ritmo que llevas en la ciudad un poco, empiezas a darte cuenta de que si te fijas, casi parece que puedas ver a los árboles respirar, comienzas a oír silbar al viento, el sonido del arroyo o incluyo miras al suelo y te das cuenta de la cantidad de individuos diminutos que pueblan la tierra; que una ardilla sobre ti se come una piña o que una hormiga se está subiendo por tu brazo.

Frenas y ves las cosas de otro modo.

Esta vaca era de las que estaba tras una cerca.


 La lengua es como la de los gatos, parecida, rugosa, áspera.



 Ubres.

 Una vaca descansando en el prado tranquila.